Caminaba sobre un tronco que permanecía en el suelo, con lentitud, miró a su alrededor, no había nada ni nadie, sólo arboles, y pajaros cantando, se adentró en el bosque, caminaba sin cesar, le encantaba estar allí, aquél sitio era el único dónde podía sentirse bien, estar sola, sin nadie a quién escuchar. Miró al cielo, estaba oscuro, cuando de repente, una gota caio sobre su mejilla, y detrás de esa, muchas otras, después, se tumbó en el suelo, sonriendo.

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